80 Perderse en el monte Una vez el chamán de los cocamas se internó en la espesa floresta y nunca regresó a su cabaña. Pasaron días, noches, meses, años. Alguien muy semejante apareció una mañana hablando la lengua de los naturales con mucha fluidez y con vocabulario preciso y elegante. Dioses del bosque lo han liberado, decían los muchachos y los ancianos. Discutieron mujeres y varones: dictaminaron que era el perdido que volvía con ellos para siempre. Tenía sangre de los cocamas, muy cierto, su madre era de la etnia, también genes venidos desde España. Era otro y el mismo: un chamán cocama.
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