Alicia a través del espejo

-¡Sí que tenía gracia aquello -solía decir Alicia cuando le contaba luego a su hermana toda esta historia- encontrarme de pronto cantando en corrillo “que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva”! La cosa es que no sé exactamente cuándo empecé a hacerlo, pero entonces ¡sentía como si lo hubiese estado cantando durante mucho, mucho tiempo! Como los otros dos bailarines eran gordos, pronto se quedaron sin aliento. -Cuatro vueltas son suficientes para esta danza -jadeó trabajosamente Tweedledum; y dejaron de bailar tan súbitamente como habían empezado; también se interrumpió la música al mismo tiempo. Ambos soltaron entonces las manos de Alicia y se la quedaron contemplando durante un minuto: se produjo una pausa un tanto azarante, pues Alicia no sabía cómo iniciar una conversación con unas personas con las que acababa de estar bailando. -Éste sí que no es

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