Alicia a través del espejo

telégrafo... que arrastre ella misma el tren en lo que queda de camino... -y así hasta la saciedad). Pero el caballero empapelado de blanco se inclinó hacia ella y le susurró al oído: -No hagas caso de lo que están diciendo, querida: te bastará con sacar un billete de retorno cada vez que el tren se detenga. -¡Eso sí que no! -respondió Alicia con bastante impaciencia-. Nunca tuve la menor intención de hacer este viaje por tren... hasta hace sólo un momento estaba tan tranquila en un bosque... y ahora ¡cómo me gustaría poder volver ahí de nuevo! -Podrías hacer un chiste con eso -volvió a insinuar esa vocecilla que parecía tener tan cerca suyo-; algo así como “pudiera si gustase o gustaría si pudiese”, ya sabes. -¡Deja ya de fastidiar! -dijo Alicia, mirando en derredor para ver de dónde provenía la vocecilla-. Si tienes tantas ganas de que haga

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