Alicia a través del espejo
cantilena: -El conductor de la locomotora ¡como que sólo el humo que echa vale a mil libras la bocanada! Alicia se dijo a sí misma: -Pues en ese caso no vale la pena decir nada-. Esta vez las voces no corearon nada, puesto que no había hablado, pero con gran sorpresa de Alicia lo que sí hicieron fue pensar a coro (y espero que entendáis lo que eso quiere decir... pues he de confesar que lo que es yo, no lo sé)-. Tanto mejor no decir nada. ¡Que el idioma está ya a mil libras la palabra! -A este paso, ¡estoy segura de que voy a estar soñando toda la noche con esas dichosas mil libras! ¡Vaya si lo sé! -pensó Alicia. El inspector la había estado contemplando todo este tiempo, primero a través de un telescopio, luego por un microscopio y por último con unos gemelos de teatro.
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