Alicia a través del espejo

-¡Como si fueran cerdos en su pocilga! -pensó Alicia. -Deberías dar ahora las gracias con un discursito bien arreglado -dijo la Reina roja dirigiéndose a Alicia con el entrecejo severamente fruncido. -A nosotras nos toca apoyarte bien, ya sabes - le aseguró muy por lo bajo la Reina blanca a Alicia, mientras ésta se levantaba para hacerlo, muy obedientemente, pero algo asustada. -Muchas gracias -susurró Alicia respondiéndole- pero me las puedo arreglar muy bien sola. -¡Eso sí que no puede ser! -pronunció la Reina roja con mucha determinación: así que Alicia intentó someterse a sus esfuerzos del mejor grado posible. (-¡Y lo que me apretujaban! -diría Alicia más tarde, cuando contaba a su hermana cómo

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