Alicia a través del espejo

¡Y brindemos por la Reina Alicia no menos de noventa veces nueve! -¡Noventa veces nueve! -repitió Alicia con desesperación-. ¡Así no acabarán nunca! Será mejor que entre ahora mismo de una vez -y en efecto entró; mas en el momento en que apareció se produjo un silencio mortal. Alicia miró nerviosamente a uno y otro lado de la mesa mientras avanzaba andando por la gran sala; pudo ver que había como unos cincuenta comensales, de todas clases: algunos eran animales, otros pájaros y hasta se podían ver algunas flores. -Me alegro de que hayan venido sin esperar a que los hubiera invitado -pensó- pues desde luego yo no habría sabido nunca a qué personas había que invitar. Tres sillas formaban la cabecera de la mesa: la Reina roja y la Reina blanca habían ocupado ya dos de ellas, pero la del centro permanecía vacía. En ésa se fue a sentar Alicia, un poco

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