Alicia a través del espejo
espaldas y se quedó tan quieto como pudo; Alicia se alarmó entonces un poco al ver las consecuencias de lo que había hecho y se puso a dar vueltas por el cuarto para ver si encontraba un poco de agua para rociársela. Lo único que pudo encontrar, sin embargo, fue una botella de tinta y cuando volvió con ella a donde estaba el Rey se encontró con que ya se había recobrado y estaba hablando con la Reina; ambos susurraban atemorizados y tan quedamente que Alicia apenas si pudo oír lo que se decían. El Rey estaba entonces diciéndole a la Reina: -¡Te aseguro, querida, que se me helaron hasta las puntas de los bigotes! A lo que la Reina le replicó: -¡Pero si no tienes ningún bigote! -¡No me olvidaré jamás, jamás -continuó el Rey- del horror de aquel momento espantoso!
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