Alicia a través del espejo

Así pues y no sabiendo qué replicar a lo que el viejo me decía gritéle: -¡Vamos! ¡Dime de qué vives! con un buen golpe a la cabeza. Con su bondadosa voz, reanudó la narración. Díjome: -Me paseo por ahí y cuando topo con un arroyo lo echo a arder en la montaña. Con eso fabrican aquel espléndido producto que llaman aceite de Macasar... Sin embargo, dos reales y una perra es todo lo que me dan por mi labor. Pero yo estaba meditando la manera de alimentarme a base de manteca para ir así engordando un poco cada día. Entonces, le di un fuerte vapuleo, hasta que se le puso la cara bien morada.

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