Alicia a través del espejo
caballo moviéndose tranquilo de aquí para allá, las riendas colgando del cuello, paciendo la hierba a sus pies..., y las sombras oscuras del bosque al fondo..., todo ello se le grabó a Alicia en la mente como si fuera un cuadro, mientras se recostaba contra un árbol protegiéndose con la mano los ojos del sol y observaba a aquella extraña pareja, oyendo medio en sueños la melancólica música de esa canción. -Sólo que la música no es uno de sus inventos -se dijo Alicia- es “Te doy cuanto poseo que ya más no puedo”. Se quedó callada oyendo con la mayor atención, pero no se le asomaba ninguna lágrima a los ojos. Te contaré todo cuanto pueda: Poco me queda por narrar. Una vez vi a un anciano viejo viejo asoleándose sobre una cerca. -¿Quién eres, anciano? -díjele-,
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