Alicia a través del espejo
esta vez se cayó cuán largo era y de espaldas bajo las patas del caballo. -¡Práctica más que suficiente! -continuaba repitiendo todo el tiempo, mientras Alicia le ayudaba a ponerse en pie-. ¡Práctica más que suficiente! -¡Esto ya pasa de la raya! -gritó Alicia perdiendo esta vez toda su paciencia-. ¡Lo que usted debiera de tener es un caballo de madera con ruedas! ¡Eso es lo que necesita usted! -¿Es que ese género equino cabalga con suavidad? -le preguntó el caballero con un tono que revelaba su gran interés; y se agarró firmemente al cuello de su caballo justo a tiempo para salvarse de una nueva y ridícula caída. -¡Mucho más suavemente que un caballo de carne y hueso! -exclamó Alicia dando un pequeño chillido de la risa que le estaba dando todo ello, a pesar de los esfuerzos que
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