Alicia a través del espejo

-Me temo que no ha tenido usted ocasión de ejercitarse montando a caballo -se aventuró a decir, mientras le auxiliaba después de su quinta y aparatosa caída. Al oír esto, el caballero puso una cara de considerable sorpresa y quedó un tanto ofendido. -¿Y por qué se te ocurre decirme eso ahora? - preguntó mientras se encaramaba nuevamente sobre su montura, agarrándose de los pelos de Alicia con una mano para no desplomarse por el otro lado. -Porque la gente no se cae con tanta frecuencia del caballo cuando tiene práctica. -Pues yo tengo práctica más que suficiente - declaró gravemente el caballero- ¡más que suficiente! A Alicia no se le ocurrió otra cosa mejor que decir a esto que: -¿De veras? -bien es verdad que lo dijo tan cordialmente como pudo. Después de esto, continuaron avanzando en silencio durante algún rato, el caballero con los ojos cerrados mascullando cosas

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