Alicia a través del espejo
Los pescaditos se sonrieron solapados. “Vaya genio tienes hoy”, me contestaron. Se lo dije una vez y se lo dije otra vez. Pero nada, no atendían a ninguna de mis razones. Tomé una caldera grande y nueva, que era justo lo que necesitaba. La llené de agua junto al pozo y mi corazón latía de gozo. Entonces, acercándoseme me dijo alguien: “Ya están los pescaditos en la cama”. Le respondí con voz bien clara: “¡Pues a despertarlos dicho sea!” Se lo dije bien fuerte y alto; fui y se lo grité al oído... Humpty Dumpty elevó la voz hasta aullar casi
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