Alicia a través del espejo
con una sonrisa. -Ahora ya sabes cómo suceden las cosas por aquí. -Pero, ¿y por qué no grita de dolor ahora? -le preguntó Alicia, preparándose para llevarse las manos otra vez a los oídos. -¿Para qué?, si ya me estuve quejando antes todo lo que quería -contestó la Reina, -¿de qué me serviría hacerlo ahora todo de nuevo? Para entonces comenzaba a clarear. -Me parece que el cuervo debe haberse marchado volando a otra parte -dijo Alicia-. ¡Cuánto me alegro de que se haya ido! Pensé que se estaba haciendo de noche. -¡Cómo me gustaría a mí poder alegrarme así! -comentó la Reina-. Lo que pasa es que nunca me acuerdo de las reglas para conseguirlo. ¡Has de ser muy feliz, viviendo aquí en este bosque y poniéndote alegre siempre que quieres! -¡Ay, si no estuviera una tan sola aquí! -se
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