Alicia a través del espejo

-Sí, pero es que yo sí que había cometido las cosas por las que me castigaron -insistió Alicia- y en eso estriba la diferencia. -Pero si no las hubieses cometido -replicó la Reina- eso te habría sentado mucho mejor aún. ¡Mucho mejor, muchísimo mejor! Pero es que, ¡muchísimo mejor! -Con cada “mejor” iba elevando más y más el tono de voz hasta que al final no se oía más que un gritito muy agudo. Alicia iba precisamente a replicarle que: -Debe de haber algún error en todo eso... -cuando la Reina empezó a dar unos alaridos tan fuertes que tuvo que dejar la frase sin terminar-. ¡Ay, ay, ay! -aullaba la Reina sacudiéndose la mano como si quisiera que se le soltara. -¡Me está sangrando el dedo! ¡Ay, ay, ay, ay! Sus alaridos se parecían tanto al silbato de una locomotora que Alicia tuvo que taparse los oídos con ambas manos.

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