44 Por una moneda sola la revendieron en Lima, y en la hacienda La Molina sirvió a la gente española. Con otros negros de Angola ganaron por sus faenas zancudos para sus venas, para dormir duro suelo, y naíta’e consuelo contra amarguras y penas. En la plantación de caña nació el triste socabón, en el trapiche de ron el negro cantó la zaña. El machete y la guadaña curtió sus manos morenas; y los indios con sus quenas y el negro con tamborete cantaron su triste suerte al compás de las cadenas.
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