A silbido y palmoteo

20 Por tu día, hombre derecho, tengo listo en la garganta un cantar que se levanta desde el fondo de mi pecho. Quiero que bajo tu techo en abrazo se convierta. Con esa esperanza cierta hasta tu puerta he venido y si acaso estás dormido querido amigo, despierta. Que los astros te iluminen y los dioses te acompañen, que los males no te dañen ni los vicios te dominen. Que a tu puerta siempre trinen los aires de esta cantata, y que la Muerte que mata no ataque, hiera ni enfríe tu corazón que sonríe y escucha esta serenata.

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