9 A cocachos aprendí mi labor de colegial en el colegio fiscal del barrio donde nací. Tener primaria completa era raro en mi niñez (nos sentábamos de a tres en una sola carpeta). Yo creo que la palmeta la inventaron para mí, de la vez que una rompí me apodaron «Mano’e fierro», y por ser tan mataperro a cocachos aprendí. Juguetón de nacimiento, por dedicarme al recreo, sacaba diez en Aseo, y once en Aprovechamiento. De la conducta, ni cuento, pues, para colmo de mal, era mi voz general, «¡Chócala pa la salida!» dejando a veces perdida mi labor de colegial. A cocachos aprendí
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx