A silbido y palmoteo

A silbido y palmoteo Nicomedes Santa Cruz Angel Reyes (Lion) Ilustraciones de A silbido y palmoteo ANTOLOGÍA POÉTICA

Otros títulos de la BNP Canciones viajeras Isuiza Cancionero del imaginario popular con letras de César Calvo, Juan Gonzalo Rose y Andrés Soto. Cantos transmitidos de generación en generación hallan aquí nuevo destino. Fábulas quechuas Antologado por Pepita García-Miró Ilustrado por Brandon Versión adaptada de la obra de Adolfo Vienrich Ilustrado por Eunice Espinoza Es una edición bilingüe castellano - quechua chanca que contempla una selección de fábulas de Adolfo Vienrich y que, con las ilustraciones de Eunice Espinoza, se vigoriza la tradición y establecen una relación armónica entre el lenguaje visual contemporáneo y la tradición literaria peruana. Fábulas quechuas Adolfo Vienrich Ilustraciones de Eunice Espinoza Version adaptada de la obra de Ant ologadora :Pepi ta García-Miró Ilustrador: BrandonIsuiza CANCIONES VIAJERAS COLECCIÓN CANCIONES VIAJERAS

Nicomedes Santa Cruz Angel Reyes (Lion) Ilustraciones de A silbido y palmoteo ANTOLOGÍA POÉTICA

A silbido y palmoteo. Antología poética © FToenxtdoos:dNe iCcoumltuerdaeEs cSoannótamCicrauzdeGlaPmearúrrSa. A., por los textos del libro De ser como soy me alegro dTeexNtoi csorme perdoedsuScai dnot as Cc or unzaiuntcol ur iizdaocsi óenn deeslt aFoenddi coi ódne. Cu l t u ra E c o n ó m i c a d e l Pe r ú S . A . pCaorleaclcaiópnreIsnetnertecueldtuicriaólniddaedla Biblioteca Nacional del Perú. © BAivb. lDi oet el ac aP oNeascí iao1n6a 0l d, Seal nP eBroúr, jpa o, Lr ilma ap r- ePseernút .e e d i c i ó n . www.bnp.gob.pe Ministra de Cultura Soraya Altabás Kajatt Jefe institucional de la Biblioteca Nacional del Perú Juan Yangali Quintanilla Director de la Dirección de Acceso y Promoción de la Información LEedaicnidórno: GVrilalcailaobAonsgTueloráFnlores y Gerson Rivera Cisneros IDluissetñraocyiódni:aAgrnagmelaRcieóyne:sR(oLdioonlf)o Loyola y Raquel Villegas Espinoza PPT rri rii mma j eee :rr aa5 0er e0di imec ji epó mrne: psj liuaónrnei :osj ud ne i 2o 0d2e6 2 0 2 6 HISeBcNh:o9e7l8d-e6p1ó2s-i5to20le5g-a2l3e-n0 la Biblioteca Nacional del Perú N.º 2026-05768 IAmv.pDree sloa Pe no el as íBa i1b6l i0o,tSe ac an NBaocrijoa ,nLailmdae,l PPeerrúú , BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ Dirección de Gestión de las Colecciones Santa Cruz, Nicomedes, 1925-1992, autor. A silbido y palmoteo : antología poética / Nicomedes Santa Cruz ; ilustraciones de Ángel Reyes (Lion) ; presentación, Juan Yangali Quintanilla.-- Primera edición, primera reimpresión.-- Lima : Biblioteca Nacional del Perú, 2026. 55 páginas : ilustraciones en color ; cm.-- (Interculturalidad (Biblioteca Nacional del Perú)) D.L. 2026-05768 ISBN 9786125205230 1. Poesías peruanas - Siglo XX 2. Décimas peruanas - Siglo XX I. Reyes, Ángel, ilustrador II. Yangali Q., Juan, 1981-, presentador III. Biblioteca Nacional del Perú, entidad editora IV. Título V. Serie 869.56

Índice A cocachos aprendí 9 12 Cantando acuricanduca 15 Voy a cantar un palmero 18 Serenata Si tú eres cantor completo 21 En la calle no sé dónde 24 27 Con tres claveles y un huevo La reina de las cometas 30 37 Guitarra, guitarra mía 40 Al compás del socabón ¿Quién es aquel pajarillo? 47 50 El jilguero que bien canta 43 Ritmos negros del Perú Chincha 53 34 Como aporte voluntario

6 Presentación La Biblioteca Nacional del Perú presenta A silbido y palmoteo, una antología poética que invita a niñas, niños, jóvenes y familias a descubrir y disfrutar la obra de Nicomedes Santa Cruz, una de las voces más originales, entrañables y representativas de nuestra tradición literaria. Poeta, decimista, periodista y difusor de la cultura afroperuana, Nicomedes Santa Cruz construyó una obra en la que la palabra cobra vida a través del ritmo, la musicalidad y la tradición oral. Su poesía nace del canto, la conversación, el juego verbal, la memoria compartida y las expresiones culturales que forman parte de nuestra identidad. En sus versos, las palabras no solo cuentan historias: cantan, preguntan, sorprenden, hacen sonreír e invitan a participar. Esta selección ha sido concebida como una puerta de entrada a su universo poético. A través de sus páginas, los lectores encontrarán escenas de la vida cotidiana, la escuela, la alegría del juego, la picardía del lenguaje, la fuerza de la imaginación, el amor por la tierra y la riqueza de la tradición oral. También descubrirán los sonidos y ritmos afroperuanos que acompañan gran parte de su creación: la palma que marca el compás, el silbido que atraviesa el aire, la voz que recita y canta, el cajón que resuena desde la memoria colectiva y el zapateo que convierte la palabra en movimiento.

7 Más que una recopilación de poemas, A silbido y palmoteo propone una experiencia de lectura para compartir. Sus textos pueden leerse en voz alta, escucharse, recitarse y disfrutarse en comunidad. Porque leer a Nicomedes Santa Cruz es reunirse alrededor de la palabra, del ritmo y de la celebración. Su obra nos recuerda que la poesía también puede ser música, encuentro, memoria viva y alegría compartida. Las ilustraciones de Angel Reyes (Lion) enriquecen esta edición al establecer un diálogo sensible y creativo con la poesía de Nicomedes Santa Cruz. Sus imágenes acompañan los poemas, amplían sus significados y abren nuevas posibilidades de interpretación. A través de ellas, niñas, niños y jóvenes lectores podrán acercarse a personajes, paisajes, símbolos y escenas que evocan la diversidad cultural, la memoria y las tradiciones del país. Cada ilustración se convierte así en una invitación a mirar, imaginar, descubrir y seguir leyendo. Con esta publicación, la Biblioteca Nacional del Perú reafirma su compromiso con la preservación y difusión del patrimonio literario peruano, y pone al alcance de nuevas generaciones una de las voces fundamentales de nuestra poesía. Que estas páginas sean una invitación a descubrir el poder de la palabra compartida, a dejarse llevar por el ritmo de los versos y a reconocer en ellos una expresión viva de nuestra diversidad cultural. Porque en la poesía de Nicomedes Santa Cruz la palabra se vuelve encuentro, memoria y celebración; se hace voz, silbido, cajón y zapateo. Juan Yangali Quintanilla Jefe Institucional Biblioteca Nacional del Perú

9 A cocachos aprendí mi labor de colegial en el colegio fiscal del barrio donde nací. Tener primaria completa era raro en mi niñez (nos sentábamos de a tres en una sola carpeta). Yo creo que la palmeta la inventaron para mí, de la vez que una rompí me apodaron «Mano’e fierro», y por ser tan mataperro a cocachos aprendí. Juguetón de nacimiento, por dedicarme al recreo, sacaba diez en Aseo, y once en Aprovechamiento. De la conducta, ni cuento, pues, para colmo de mal, era mi voz general, «¡Chócala pa la salida!» dejando a veces perdida mi labor de colegial. A cocachos aprendí

11 ¡Campeón en lingo y bolero! ¡Rey del trompo con huaraca! ¡Mago haciéndome la vaca y en bolitas, el primero! En Aritmética, cero. En Geografía, igual. Doce en examen oral, trece en examen escrito. Si no me soplan repito en el colegio fiscal. Con esa nota mezquina terminé mi quinto al tranco, tiré el guardapolvo blanco (de costalitos de harina). Y hoy, parado en una esquina, lloro el tiempo que perdí: los otros niños de allí alcanzaron nombre egregio. ¡Yo no aproveché el colegio del barrio donde nací!

12 Cantando acuricanduca, a silbido y palmoteo, todo padre a su hijo educa con clases de zapateo. Desde Chancay hasta Ica el negro padre o abuelo al negrito pequeñuelo el zapateo le explica: «Si el contendor te repica, tú con redoble retruca». A cocachos en la nuca baila el moreno rapaz y el padre lleva el compás cantando acuricanduca. Otros negritos ojones —del discípulo parientes— saben pasos diferentes según sus inclinaciones. A éste le dan lecciones de palmada y taconeo, y para el escobilleo que ejecuta con la suela dan ritmo; si no hay vihuela, a silbido y palmoteo. Cantando acuricanduca

14 Ya después de muchas clases el negrito de siete años puede bailar ante extraños con rivales más capaces. En estos futuros ases ya no hay pasada maluca. El negro viejo caduca, pero deja su heredero. Por algo, con gran esmero, todo padre a su hijo educa. Desde su cuna a la tumba zapateó el negro peruano, y su baile ni es hispano ni viene de la macumba. Por eso, cuando retumba el piso en repiqueteo, soy feliz si escucho y veo en cualquier chacra costeña un padre que a su hijo enseña con clases de zapateo.

15 Voy a cantar un palmero de esos que llegan al alma. Cuando saque mi pañuelo: «Palmero, sube a la palma». (Porfirio Vásquez A.) La gente se divertía en casa de mi adorada, llegué muy de madrugada porque al padre le temía. Estaba la vida mía para quitarse el sombrero; yo quise jugarme entero y dije, por ver: ¡Qué pasa! Si hay cariño en esta casa voy a cantar un palmero. Cogí el palo trinador como hacen en Chancayllo, afiné en punto maulío y arranqué por sol mayor. Como el padre de mi amor quería perder la calma, a todos les pedí ¡palmas!, al viejo le di un cajón, y entré a puntear un bordón de esos que llegan al alma. Voy a cantar un palmero

17 Mi jarana caprichosa que dice «zamba-zambita» les pareció muy bonita y puso buena la cosa. Al bailar la resbalosa sacaban chispas del suelo. El viejo se arregló el pelo, se cuadró con su señora y me dijo: Cante ahora, «cuando saque mi pañuelo». Se acabó la enemistad con un abrazo paterno, el viejo me dijo «Yerno» y yo le dije «¡Papá!». Desde esa oportunidad vivo feliz con mi zamba. Y como todo se empalma el cielo me dio un hijo hombre al que le he puesto por nombre «Palmero, sube a la palma».

18 Hemos llegado a tu puerta bajo la luna de plata. Querido amigo, despierta y escucha esta serenata. Cual tañido de campanas quiero alzar mi voz al viento y que el eco de mi acento lo devuelvan tus ventanas. Sea fluir de fontanas las notas que mi alma vierta. Con el corazón alerta concentrado en noble empeño, temiendo turbar tu sueño hemos llegado a tu puerta. Por ser pasadas las doce comienzo en nombre de Dios seguro de que esta voz tu oído ya la conoce. Que no encuentro mayor goce ni circunstancia más grata, esta noche que desata su templado y dulce abrigo canta tu mejor amigo bajo la luna de plata. Serenata

20 Por tu día, hombre derecho, tengo listo en la garganta un cantar que se levanta desde el fondo de mi pecho. Quiero que bajo tu techo en abrazo se convierta. Con esa esperanza cierta hasta tu puerta he venido y si acaso estás dormido querido amigo, despierta. Que los astros te iluminen y los dioses te acompañen, que los males no te dañen ni los vicios te dominen. Que a tu puerta siempre trinen los aires de esta cantata, y que la Muerte que mata no ataque, hiera ni enfríe tu corazón que sonríe y escucha esta serenata.

21 Si tú eres cantor completo yo te voy a examinar. Comencemos a cantar ocupando el alfabeto. (Folklore) Con la A digo Amaré, con la B pronuncio Bueno, con la C digo Centeno y Chocero con la Ch. Deuda se escribe con D, y con la E, Esqueleto, Con la F, Fazoleto, y con la G, Ganador. Encuéntrame algún error si tú eres cantor completo. Con la H escribo Hilo, Iconoclasta con I; con la J, Jabalí, y con la K pongo Kilo. Conservando el mismo estilo con L digo Lunar; digo con Ll, Llorar, y con M, Monumento. Si tienes tanto talento yo te voy a examinar. Si tú eres cantor completo

23 Con N digo Nansú, con Ñ pronuncio Ñato, con la O, Orfelinato y con P digo Perú. Quena se escribe con Q y con la R, Rezar; con la S, Saludar, con la T, Telepatía. Si sabes de ortografía comencemos a cantar. Con la U pronuncio Unión, con la V digo Veneno, con la X digo Xileno y con la Y, Yanacón. Con Z digo Zenón y he cumplido con mi objeto. Esta décima es un reto que lanzo a cualquier rival por ver si hacen otra igual ocupando el alfabeto.

24 En la calle no sé dónde En la calle no sé dónde he visto no sé qué santo, le rezan no sé qué cosa. le ofrecen no sé qué tanto. (Anónimo) No recuerdo desde cuándo tengo tan buena memoria, mi mente, como la historia, graba lo que va pasando. Mi cerebro va anotando lo que mi boca responde. Nada a mi mente se esconde, solamente he olvidado que ahora estoy alojado en la calle no sé dónde. Pero no tiene importancia, yo soy persona pudiente: tengo no sé qué pariente que tiene no sé qué estancia no recuerdo a qué distancia pero no me causa espanto, no voy a largar el llanto por ignorar su destino si sé que en ese camino he visto no sé qué santo.

26 Lo que veo alguna vez no se me olvida jamás, de cualquier niño la faz la recuerdo en su vejez. Y jugando al ajedrez tengo mente prodigiosa, yo vencí con mucha prosa a los maestros mormones que al santo de sus pasiones le rezan no sé qué cosa. Como soy tan ocupado, aunque a muchos les asombre, no recuerdo bien mi nombre pero lo tengo apuntado. Ayer fui solicitado para enseñar esperanto, como en ese idioma canto ya vendrán a molestarme, y al que logre contratarme le ofrecen no sé qué tanto.

27 A don Ventura (que de día los asusta y de noche los cura). Sátiras de negra loca, callejón de un solo caño. Lindos recuerdos de antaño que mi inspiración evoca. Con tres claveles y un huevo se cura susto y mal de ojo. Para el estómago flojo alhucema y vela’e sebo. Al que tiene aire le llevo su ron con agua de coca. Se dice de boca en boca que tengo tratos ocultos: son para mí los insultos sátiras de negra loca. Cuando la sábila llora anuncia mala visita. Cuando la lechuza grita el enfermo no mejora. Con chamico se enamora, con chamico se hace daño. No bebas del pozo extraño, no te acuestes donde penen; llévate de los que tienen callejón de un solo caño. Con tres claveles y un huevo

29 Por la flama de una vela puedo saber el futuro; el camino más seguro me lo dice su candela. Si pongo el naipe en la tela así tampoco me engaño: el rey me dice el tamaño, la sota me dice quién... Entre las cartas se ven lindos recuerdos de antaño. Yo he curado mucha gente y vivo pobre, sin lujo; a mí me llaman «el Brujo» y me creen delincuente. Yo curo un niño inocente y un brazo que se disloca. Todo el que a mi puerta toca llega enfermo y vuelve sano por un poder sobrehumano que mi inspiración evoca.

30 En toda carbonería —allá por mi edad pequeña— junto a los tercios de leña secas zacuaras había. El japonés las vendía gruesas, como el dedo gordo, altas como chala o sorgo y rectas como baquetas. Zacuaras para cometas: desde un barril a un pandorgo. La mesa del comedor fue mi centro de trabajo, allí echaba en desparpajo papel de todo color. De la zacuara mejor ataba una cruz en nudo y así, el armazón rudo se iba amoldando conmigo, mientras la harina de trigo hervía formando engrudo. La reina de las cometas

31 En mis manos, la tijera sobre el papel rojo y blanco mostraba que no soy manco conformando mi bandera. El armazón que ya hiciera recortaba el bicolor, y cual sastre cortador pegaba todo el contorno dejando pitas de adorno para atar el zumbador. Los parches de fantasía afianzaban la estructura y a su gran envergadura se le agregaba costillas. Unos buches de agua fría eran toque bautismal. Y con la luz matinal se daba la estampa bella que un niño agregue una estrella a la corte sideral...

33 Austero, en pobre papel —aunque seguro de vuelo—, era una ventana al cielo el rectangular cancel. El barril, pariente de él, fue más águila que pavo: con cuchillas en el rabo, tres tirantes o soportes, para jugar a los cortes era como toro bravo. Pero la pava-cantora de coronada cabeza por su singular belleza era la reina y señora. Cual sirena seductora con mil flecos como aletas, tramontando nubes quietas o quieta como un retrato, la cantora-colepato ¡fue reina de las cometas!

34 Como aporte voluntario al ornato y sanidad, rogamos al vecindario que no ensucie la ciudad. Señora y ama de casa se lo pido con finura: saque el tacho de basura a la hora que el camión pasa o antes, pues si se retrasa, los perros del vecindario ensuciarán todo el barrio hurgando los desperdicios. Le pedimos tal servicio como aporte voluntario. Señor automovilista, en su raudo anonimato ensucia usted sin recato las veredas y la pista; pero ya tengo una lista de su imputabilidad: colillas en cantidad, cajetillas, envolturas... No atente con sus basuras al ornato y sanidad. Como aporte voluntario

36 Y usted, joven colegial, que de la escuela a su casa va dejando donde pasa un horrendo basural: la limpieza es tan vital como el propio abecedario. Y por ser tan necesario que haya más limpieza en Lima, por conducto de esta rima rogamos al vecindario: Que quede como un anís cada calle, cada esquina. Que la limpieza de Lima se extienda a todo el país. Que en Londres, Roma o París nos envidien en verdad... Esto será realidad cuando entre todos nosotros vigile un vecino a otro que no ensucie la ciudad.

37 Guitarra, guitarra mía, por los caminos y el viento vuelan en tus armonías coraje, amor y lamento… (Carlitos Gardel) Al melodioso poder de tus seis cuerdas de plata le canté una serenata a la más bella mujer. Y si cantándole ayer su corazón se rendía, suspira igual hoy en día por tu sonido y mi canto. Por eso te quiero tanto guitarra, guitarra mía. No eres guitarra española, tu madera es nacional, pero yo te quiero igual parchada y llena de cola. Hoy, que te tengo a ti sola, dame tu acompañamiento, guitarra, dame tu aliento antes que el llanto me ahogue, y déjame que desfogue por los caminos y el viento. Guitarra, guitarra mía

39 Tienes forma de mujer y a veces dudo de ti, mas qué sería de mí si te llegara a perder. Tú me enseñaste a querer y a olvidar las felonías. De aquellos lejanos días solo me quedan canciones. ¡Cuántas de mis ilusiones vuelan en tus armonías! Vámonos lejos, guitarra. Vámonos juntos los dos. Vamos a cantarle a Dios como canta la cigarra. Vamos, que ya se desgarra mi pecho de sentimiento. Vámonos, fiel instrumento, que pulsando tus seis cuerdas tú, solo tú, me recuerdas coraje, amor y lamento.

40 Al compás del socabón con décimas del Perú conserva la tradición Nicomedes Santa Cruz. Cuando con amor profundo yo le canto a mi país soy el hombre más feliz que pueda haber en el mundo. Aquel precioso segundo que llaman inspiración lo dedico a mi nación cantando a mi suelo amado décimas de pie forzado al compás del socabón. Van trazando mi camino nuestras criollas estampas: como le inspiran sus pampas al payador argentino, como cantara el beduino a su famoso laúd, como coplero andaluz o trovador italiano, yo canto como peruano con décimas del Perú. Al compás del socabón

42 Al misterioso conjuro de los criollos que han muerto, de los que fueron expertos en cantar al arte puro, se hace mi cerebro oscuro fuente de iluminación. Por tal reencarnación quien otros terrenos pise escucha una voz que dice: «Conserva la tradición». Con décimas y cuartetas cantemos a nuestra tierra que todo peruano encierra un corazón de poeta. Nunca esté la mente quieta mientras brille aquella luz. Como se quiere a Jesús así querramos lo nuestro. Lo pide un servidor vuestro, Nicomedes Santa Cruz.

43 A don Porfirio Vásquez A. Ritmos de la esclavitud contra amarguras y penas. Al compás de las cadenas ritmos negros del Perú. De África llegó mi abuela vestida con caracoles, la trajeron lo’epañoles en un barco carabela. La marcaron con candela, la carimba fue su cruz. Y en América del Sur al golpe de sus dolores dieron los negros tambores ritmos de la esclavitud. Ritmos negros del Perú

44 Por una moneda sola la revendieron en Lima, y en la hacienda La Molina sirvió a la gente española. Con otros negros de Angola ganaron por sus faenas zancudos para sus venas, para dormir duro suelo, y naíta’e consuelo contra amarguras y penas. En la plantación de caña nació el triste socabón, en el trapiche de ron el negro cantó la zaña. El machete y la guadaña curtió sus manos morenas; y los indios con sus quenas y el negro con tamborete cantaron su triste suerte al compás de las cadenas.

46 Murieron los negros viejos, pero entre la caña seca se escucha su zamacueca y el panalivio muy lejos. Y se escuchan los festejos que cantó en su juventud. De Cañete a Tombuctú, de Chancay a Mozambique llevan sus claros repiques ritmos negros del Perú.

47 ¿Quién es aquel pajarillo que canta sobre el limón? Anda y dile que no cante, que me duele el corazón… (Folklore) Surge mi voz y el invierno se convierte en primavera: florece la enredadera y brota el narciso tierno. Baja mi voz al averno y el fuego se torna frío. Al Dios del Cielo le envío unas décimas de amor y dice Nuestro Señor: «¿Quién es aquel pajarillo?». Ilumina el horizonte el fuego de mi palabra y piensa el pastor de cabras que se está incendiando el monte. Trunca su vuelo el sinsonte, quiebra su nota el gorrión; enardecido el halcón grazna con ruido agorero y queda mudo el jilguero que canta sobre el limón. ¿Quién es aquel pajarillo?

48 Luego, mi canto sonoro bajo la tierra se interna, perforando una caverna que termina en un tesoro. Queda descubierto el oro, el platino y el diamante. Ruge Júpiter tonante, luchan Neptuno y Eolo, y Orfeo le dice a Apolo: «¡Anda y dile que no cante!». Entonces calla mi voz y hay un silencio profundo como si no hubiera mundo o ya no existiera Dios. Nadie cosecha el arroz, nadie apaña el algodón. Y tirado en un rincón cuando termina mi canto, derramo tan triste llanto que me duele el corazón.

50 El jilguero que bien canta con la edad pierde lo bueno. Al golpe de un buen barreno dura peña se quebranta. (Anónimo) En la campiña silente el sol brilla más hermoso. Allá en el bosque frondoso forma nido la serpiente. El camello del Oriente nubes de arena levanta. El león de fuerte garganta la negra noche desvela. Penas del alma consuela el jilguero que bien canta. Los años al transcurrir transforman la faz del mundo, en el último segundo Jesucristo ha de venir. El ígneo rayo al surgir precede la voz del trueno. El cielo es grande y sereno. El infinito es oscuro. El niño que nace puro con la edad pierde lo bueno. El jilguero que bien canta

52 Los hombres van a la guerra, de cada mil tornan diez. La curva de la vejez nos hace besar la tierra. No busque el hombre que yerra solución en el veneno. La furia del Nazareno hizo polvo al monolito. No es irrompible el granito al golpe de un buen barreno. Los hierros del prisionero hacen sangrar los tobillos. Cepos, cadenas y grillos oprimen al mundo entero. Toda vestida de acero Juana de Arco fue una santa. Nace débil una planta que ocultan las rocas grises y al poder de sus raíces dura peña se quebranta.

53 Porque siempre he sido tu hincha te canto con emoción, morena tierra de Chincha cuna de Mina y «Bombón». Alegre pueblo chinchano donde el vino sabe a gloria, a cantar tu magna historia viene un modesto paisano: al potro de paso llano que victorioso relincha; a tu atleta ya en la huincha, al campeón de puños de oro... Canto a tus grandes tesoros porque siempre he sido tu hincha. Tierra soleada y bendita que entre palmeras y dunas meciste las nobles cunas del Poeta y la Beatita. Le canto a tu Melchorita con cristiana devoción. Y entre copos de algodón que apañan morenas manos, a ti, agricultor chinchano, te canto con emoción. Chincha

55 Chincha es un gallo carmelo que hasta con el ala mata. Chincha es la desnuda pata que pisa la uva en el suelo. Chincha es sucursal del cielo cuando una negra de bincha se te aprieta como cincha En un valse bien punteao. ¡Tú eres mi frejol colao, morena tierra de Chincha! Tierra de Julve y Jordán, de «Vides», el figurín, Heredia, «Chocolatín» y Villalobos, el gran. De Alzamora recordman y Acevedo el gran campeón. Joya, Félix y «Chupón» son chinchanos cien por cien, y ha sido Chincha también cuna de Mina y «Bombón».

Este libro se terminó de imprimir en junio de 2026 en la imprenta digital de la Biblioteca Nacional del Perú. Se utilizó la familia tipográfica Alegreya Sans en papel couché de 115 gramos.

Nicomedes Santa Cruz Lima, 1925-1992. Poeta, decimista, investigador, periodista y gran difusor de la cultura afroperuana. A través de sus décimas, poemas, ensayos, programas de radio y televisión, rescató la memoria, el ritmo y la palabra del pueblo afrodescendiente del Perú. Su obra combina humor, crítica social, musicalidad y orgullo popular, y es fundamental para comprender la presencia afroperuana en la literatura y la cultura nacional. Entre sus libros más conocidos se encuentran Décimas y Cumanana.

A silbido y palmoteo

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