Jarana origen de la música criolla en Lima
48 49 FRED ROHNER JARANA Origen de la música criolla en Lima clases populares?, ¿por qué los limeños de fines del siglo XIX abandonaron su música predilecta para dar cabida al vals? Hay muchas más interrogantes de las que creemos para explicar el surgimiento del vals criollo, pero intentemos responder a las que hemos planteado aquí. EL SURGIMIENTO DEL VALS POPULAR: DEL SALÓN A LA CALLE, Y DE LA CALLE AL CALLEJÓN Aunque en la actualidad muchos asociamos el vals criollo con el espacio popular por excelencia de nuestra ciudad, los callejones, lo cierto es que el primer arribo del vals a Lima no tuvo nada que ver con esos espacios. Como han sugerido varios investigadores, el primer lugar al que el vals debió llegar al entrar a la capital fue el teatro. El teatro y los espectáculos dramáticos y líricos fueron los primeros en socializar el vals entre los limeños. El teatro era una de las diversiones favoritas de la ciudad, junto con los toros y los gallos. Además, en una época en que el espectáculo teatral no estaba separado tan fuertemente de otras artes como la música, cada compañía que hacía estación en Lima solía ser acompañada o precedida por música. En esas representaciones, el vals ingresó por primera vez en los oídos de los limeños. Muy pronto, ese arribo fue seguido de numerosas noticias, rumores, etc., sobre el carácter revolucionario y la moda del vals (el baile de una pareja enlazada era revolucionario, pero también muy atractivo con los nuevos tiempos y los nuevos aires). Por ello, desde las décadas de 1830 y 1840, fueron ingresando a nuestra ciudad numerosas partituras con valses y fantasías de salón, que se convirtieron en los géneros predilectos de los salones de las clases medias y altas. Los viajeros que pasaron por Lima a mitad del siglo XIX contaban cómo el vals y algunos otros géneros europeos modernos se habían asentado ya en las casas de esos grupos sociales. Pronto, a mediados del siglo XIX, la actividad musical de esos salones se concentró altamente en la interpretación de esos valses. Las veladas y tertulias eran acompañadas de esa música y comenzaron a componerse numerosos valses limeños de salón. No se trataba, sin embargo, de valses criollos. Cualquiera que escuche uno de esos valses resguardados en partituras muy antiguas no reconocerá en él al vals criollo que hoy conocemos. Eran valses para piano, en su mayoría instrumentales y muy pocos de ellos cantados, que eran la delicia de las señoritas limeñas encargadas de interpretarlos. El piano, durante el siglo XIX, se volvió el objeto más preciado de los salones limeños. Todo hogar que se respetara debía tener uno, y las niñas de la casa debían haberse familiarizado con el instrumento y tocar al menos algunas melodías, sobre todo valses. El vals fue, por tanto, un género por excelencia, pero no exclusivamente, femenino. No obstante, esto lo ubicaba dentro de un espacio cerrado muy difícil de remontar. En una sociedad masculina, el lugar de la mujer era la casa y su esfera de socialización pública, el salón. Además, estaba prohibido que esas jóvenes se profesionalizaran en la interpretación musical. Por eso, para que el vals abandonara el salón, fue determinante que esa música surgida en esos espacios comenzara a publicarse y a interpretarse fuera de ellos. Durante el siglo XIX, surgieron numerosas casas editoras de partituras. La primera de ellas, la casa Ricordi, fue seguida por otras muchas: Sormaní, San Cristóbal y más tarde la casa Brandes o la casa de René Fort e hijos. En las numerosas partituras de estas editoriales musicales, fueron apareciendo los valses que irían insertándose en el espacio público, gracias a dos tipos de conjuntos musicales determinantes para la consolidación del vals: la banda y la estudiantina. El primero de estos ensambles, la banda, representaba al conjunto encargado de amenizar
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